La nueva estrategia electoral del PSUV. Por Leander Pérez G.

[Fuente: TatuyTv.org]

En política como en el boxeo, hay que tener en cuenta que el adversario también pelea. Olvidar este detalle es el camino más rápido y seguro para acabar en la lona. Por esta razón en este artículo analizamos las adaptaciones estratégicas que está realizando el PSUV de cara al próximo escenario electoral

Nuevas reglas de juego

Lo primero que debemos hacer es dar cuenta de la novedad de estas elecciones: los cambios en la composición de los diputados electos por lista y los nominales. Para las elecciones de la Asamblea Nacional del 2015, de los 167 diputados electos, sólo 52 se hicieron por un mecanismo proporcional (listas). Sin embargo, incluso esto no era realmente proporcional ni permitía la representación de las minorías. La conformación de los circuitos en la mayoría de los casos sólo ofrecía uno o dos curules electos por lista, dividiéndose generalmente entre las dos fuerzas más grandes. 

Este mecanismo estaba hecho para promover las grandes coaliciones o alianzas. El Gran Polo Patriótico (GPP), hegemonizado por el PSUV; y la Mesa de Unidad Democrática (MUD), controlada por el “Grupo de los 4” o G4 (Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo). 

Para las elecciones de diciembre de este año, el primer cambio es el aumento del total a 277 diputados.  De ese total, 52% de los diputados (144) serán electos proporcionalmente en listas y el restante 48% por elección nominal. Esto ciertamente representa un avance y brinda posibilidades para que haya realmente una mejor representación proporcional para los partidos minoritarios. 

La contradicción que enfrenta el PSUV

Si bien el retorno a la proporcionalidad era una exigencia de larga data de partidos de izquierda como Patria Para Todos (PPT) o el Partido Comunista de Venezuela (PCV), los cambios no se dieron por negociaciones con éstos, sino con los partidos de la oposición moderada que están en la Mesa de Diálogo Nacional. Para garantizar su participación electoral, el gobierno tuvo que ofrecer mejores condiciones..

El cálculo del PSUV era el siguiente: necesitaba que partidos de la derecha se presentaran a las elecciones para hacerlas más “competitivas”, y éstos exigieron (entre otras cosas) que se retornara a la proporcionalidad. La contradicción es que esto podría debilitar la hegemonía del PSUV sobre el resto de partidos de izquierda, ya que estos verían en la proporcionalidad una oportunidad para hacer tienda aparte y obtener una mejor representación. 

Por otro, el aumento en el número de curules a repartir se podría haber visto como un intento del PSUV en aumentar su capacidad de negociación con los partidos de izquierda. Pero, ¿hasta dónde esto ha sido así?

¿Un golpe al hígado de la izquierda?

En algunos partidos de la izquierda están esperando que llegue la habitual oferta para la “alianza perfecta”. Sin embargo, ¿realmente necesita el PSUV recurrir a una alianza con los partidos de la izquierda? 

Como vimos arriba, todavía el 48% de los curules serán electos nominalmente. Este mecanismo beneficia a las grandes maquinarias, a los partidos con grandes recursos para invertir en sus campañas. Ya que buena parte de la oposición está llamando a la abstención para desconocer las elecciones, podemos decir que la derecha estará lejos de conquistar un gran número de escaños por la vía nominal. Siendo así, el PSUV (salvo contadas excepciones) quedaría con la vía libre para ganar en este terreno. Los partidos de la izquierda, cuyas tarjetas se han debilitado en los últimos años tras sucesivas alianzas con el gobierno, no harían porcentualmente la diferencia.

De igual forma, sumando los votos de los partidos de izquierda, difícilmente el PSUV podría obtener ventajas en la adjudicación de diputados por lista, donde dichos votos tendrían que servir para multiplicar el número de votos que el PSUV saca de ventaja sobre la derecha. Así se entiende que Diosdado Cabello haya comentado que “no hay cama para tanta gente”, refiriéndose a las supuestas exigencias de partidos del GPP.

Así las cosas, el PSUV no necesitaría ofrecer curules a partidos que no son determinantes para su victoria en las próximas elecciones. En cambio, el aumento en el número de curules les podría servir para impulsar su estrategia de cooptación de líderes populares, asestando un golpe al hígado de la izquierda. El cálculo del PSUV es sencillo: ¿Quiénes inflan los votos de los partidos de la izquierda? Los movimientos populares. Entonces hay que disputar o cooptar los liderazgos en ese terreno.

En las pasadas elecciones de concejales, el PPT ensayó con muy buenos resultados esta estrategia de alianza con el poder popular, ofreciendo su tarjeta a partidos aliados, dirigentes populares y comuneros para que éstos participaran electoralmente. Con estas “candidaturas democráticas”, el PPT logró sumar más de 277 mil votos, ¡un 303,27% más que en las elecciones presidenciales!, donde el partido sólo obtuvo 91.500 votos. Si tomamos además en cuenta que en las elecciones presidenciales participaron más de 9 millones de electores, comparados con 5,6 millones en las de concejales, podremos darnos cuentas que la diferencia fue que en las primeras el PPT apoyó al candidato del PSUV, mientras que en la segunda se presentó como una alternativa.

El dato anterior justifica que el PSUV hasta ahora no haya establecido una agenda de negociaciones con los partidos de la izquierda. En cambio, apunta hacia una estrategia de cooptación del poder popular para frenar el desarrollo de una alternativa de izquierda en el terreno electoral.

¿Un remake de la constituyente?

Otra razón para que el gobierno no haga mayores esfuerzos en construir una “alianza perfecta”, es la de tratar de reeditar un fenómeno que se vio en las elecciones de julio de 2017 para la Asamblea Nacional Constituyente. 

La idea sería que al existir candidatos alternativos al PSUV (más los de la oposición), más personas se verían llamadas a participar. Ya sea porque conocen personalmente al candidato, o porque ven la oportunidad de expresar su rechazo al PSUV sin tener que votar por la derecha. De esta manera, la competencia atrae más votantes sin necesidad de que esto represente necesariamente un riesgo para el gobierno. 

Lo anterior además explica el por qué Rafael Simón Jiménez Melean, nuevo vicepresidente del CNE, anunció el financiamiento de la campaña electoral (que no debe confundirse con el financiamiento público de los partidos prohibido por la Constitución). El gobierno ya logró su objetivo de dividir a la oposición y que buena parte de ésta llame a la abstención. Ahora lo que necesita es garantizar niveles mínimos de participación para legitimar la Asamblea Nacional que surja de la contienda electoral.

Por una alternativa revolucionaria

La estrategia del PSUV, si bien representa un posible golpe a la izquierda, no es suficiente para noquearla. Primero porque el aumento en el número de curules nunca será suficiente para satisfacer las ansias de cargos que hay dentro del partido de gobierno. Y segundo, porque nuestro pueblo es como el cuero seco, que cuando lo pisan por un lado se levanta por el otro. Si bien a la izquierda le ha hecho mucho daño la estrategia de cooptación del gobierno, esto nunca podrá vaciar al poder popular de líderes, que siguen surgiendo al calor de las luchas populares. 

Difícilmente el gobierno podrá aplacar las luchas populares intentando cooptar a sus dirigentes, pues las causas están en las propias políticas que viene aplicando. O se derrota definitivamente al poder popular, o este seguirá su proceso de organización y fortalecimiento para retomar el rumbo revolucionario. A esto último deben apostar los partidos de la izquierda, convirtiéndose en instrumentos revolucionarios en manos del pueblo.

Hay que tener en cuenta que el rescate de la revolución no es una tarea a corto plazo. Pensar que estas elecciones resolverán los problemas del pueblo sería un error que solo puede llevar a una desmoralización mayor. Lo cierto es que estas elecciones brindan una oportunidad para construir un referente de izquierda, para golpear habilidosamente con un programa político revolucionario. Debemos poner contra las cuerdas a quienes se niegan a hablar sobre el salario, las privatizaciones, los desalojos de campesinos, los arrestos arbitrarios de trabajadores. Esta debe ser una campaña para decir lo que ni el gobierno ni la derecha dicen, pero que el pueblo clama a gritos.

                 

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