Las tentaciones del poder. Por: Leander Pérez G.

Las tentaciones del poder
por: Leander Pérez G.
Militante del PPT

Como ya muchos saben, a lo interno del PPT (e incluso de otras organizaciones de izquierda) se está dando un debate muy interesante: el de si es posible ir o no en una alianza con el PSUV a las próximas elecciones parlamentarias. Hasta ahora, un grupo de compañeros hemos querido dar un debate de altura con quienes insisten en la necesidad de la alianza con el gobierno. Lamentablemente, éstos no han aparecido para defender su posición públicamente, por lo que tendremos que especular sobre cuáles podrían ser sus razones para pactar… ¿bajo qué premisa se podría considerar un acuerdo?

¿Antiimperialismo?

Vamos a ser amables y démosle el beneficio de la duda a estos compañeros, comencemos por las posiciones “antiimperialistas”. Los que defienden un pacto con el PSUV-gobierno, casi siempre señalan que lo hacen por necesidad y no por gusto, lo hacen ante la inminente amenaza de una intervención militar norteamericana. Lo primero que habría que preguntarles es si creen que actualmente el imperialismo está en condiciones de intervenir Venezuela, pues la crisis interna en ese país, y antes de eso las declaraciones de Abrams, Pompeo y el propio Trump, han evidenciado que no hay una amenaza creíble actualmente sobre Venezuela.

En contraste con una intervención norteamericana directa, lo que seguramente seguirá aplicando el imperialismo son sanciones. Una intervención en este momento podría desatar una ola de revoluciones en América Latina, ya bastante convulsionada desde antes del inicio de la pandemia.

¿Unidad ante la derecha?

Otro argumento es la necesidad mantener la unidad de la izquierda para cerrar el paso a la derecha y evitar que vuelvan a conquistar la Asamblea Nacional, pero ¿Cuál derecha? ¿Se refieren a la oposición moderada de Falcón-Fermín, con la que el PSUV ha acordado condiciones electorales? ¿Será la socialdemocracia de AD y UNT, a las que les asignaron rectores del CNE? O ¿Será la derecha del partido Primero Justicia bajo la dirección “ad hoc” (vía TSJ) de José Brito? ¿A cuál derecha se le tiene que cerrar el paso electoralmente, si la propia Asamblea Nacional Constituyente les levantó a estos partidos las prohibiciones para participar sin que siquiera tengan que validarse?

Lo otro tiene que ver con el programa de esa derecha, que como todo sabemos contempla privatizaciones, dolarización de la economía, despidos masivos, pulverización del salario, desalojo de campesinos, entre otras medidas. ¿Acaso hay que cerrarle el paso a ese programa? ¿o más bien hay que enfrentarlo?

¿La posible firma de un acuerdo para un gobierno diferente?

Los compañeros que proponen el pacto con el PSUV podrán decir que tienen bajo la manga un acuerdo, una serie de medidas en las que han estado trabajado junto con un grupo de académicos de alto nivel, y que de ser firmadas por el PSUV pueden alterar el rumbo del gobierno. Se trata del acuerdo definitivo para tener un gobierno diferente, revertir las medidas neoliberales del gobierno, dar de beber al sediento y alimentar a los hambrientos.

Presumiendo la inocencia de estos compañeros y sus buenas intenciones, más bien habría que preguntarles qué hacen en política y no en un monasterio, y cuál fue el error del acuerdo anterior para que éste no se cumpliera ni en una décima parte. Seguramente nos dirá que el PPT propuso ajustar el precio de la gasolina, pero ¿acaso propuso que se cobrara en dólares y cuándo el salario de los venezolanos está en uno de sus mínimos históricos?

Seguramente las propuestas contenidas en ese proyecto de acuerdo son buenísimas, suficientes para iniciar la construcción del reino de Dios en la tierra, o por lo menos el socialismo; Incluso no dudamos de la intención del gobierno de firmarlo en medio de un acto faraónico, lo que si dudamos es la intención del gobierno de cumplirlo.

¿Posiciones estratégicas dentro de la nueva Asamblea Nacional?

Una tentación sería la de aceptar un acuerdo (obviamente no firmado) para ocupar puestos claves dentro de la nueva Asamblea Nacional. La secretaría o la subsecretaría, por ejemplo, son cargos por lo que transita mucha información y que tienen facultades administrativas que no tiene un diputado individualmente. Pero, ¿acaso ocupar una posición de estas es el resultado de una correlación de fuerzas favorable? ¿no sería esto como ocupar una fortaleza con un ejército ajeno? ¿no quedaríamos más bien siendo rehenes de quienes tan fácilmente nos colocaron en esa posición?

Hay que tener mucho cuidado, pues en “viveza” es difícil competir con quienes no tienen escrúpulos. ¿O es que acaso un PSUV que controle la Asamblea no puede también desviar los canales por donde fluye la información, o nombrar un “protector” que asuma las funciones administrativas que dice estar dispuesto a otorgar a sus “aliados”? Todo esto lo hemos visto, como dice la canción: “la vida es así, no la he inventado yo…”

¿Más diputados?

¿Verdad que sería tentador tener más diputados? Incluso, quienes intentan por todos los medios llegar a un acuerdo con el PSUV no se verían tan egoístas, pues ya no serían sus aspiraciones de volver a repetir en una suplencia, sino el intento desinteresado de fortalecer el trabajo parlamentario del partido.

Quizá ésta sea la razón por la que el TSJ ha ordenado revisar el número de diputados con base al “crecimiento” de la población. Si se trata de ofrecer más cargos claro que el PSUV puede hacerlo, pero primero debe devaluar los curules aumentando su número, de esta forma puede negociar más. Algo así como con la impresión de billetes sin respaldo, ahora se imprimen curules y se reparten. ¿Nos suena? Lo que valdría la pena preguntarnos es qué ha pasado con los constituyentes ¿cuántos quedan?

Lo otro, y más preocupante, es si esos diputados serán efectivamente diputados del partido o serían diputados del PSUV bajo otra denominación. ¿Acaso no es el PSUV el que decide finalmente sobre las listas que proponen los partidos para una eventual alianza, decidiendo quién puede ser candidato y quién no? Esta tentación parece entonces no ser tan tentadora, pues en realidad no tendríamos ningún diputado genuino, sino meros mediadores entre el PSUV y el partido, que estarían más dispuestos a llevar adelante las políticas del PSUV que las nuestras.

La lealtad es a los principios

Caminar en el desierto no es para cualquiera, unos se vuelven locos y otros caen en las tentaciones del poder, solo los revolucionarios se mantienen fieles. ¿Acaso estos compañeros se han olvidado del primer párrafo de nuestra declaración de principios? Por si acaso, se los recordamos:

“Declaramos en este acto que la razón de ser de nuestra organización es lograr la mayor felicidad posible del pueblo venezolano. Declaramos también que, a fin de alcanzar ese objetivo, forma parte de nuestras aspiraciones legítimas ejercer el gobierno de la nación”.

¿Es que estos compañeros renunciaron a su aspiración legítima de ejercer el gobierno de la nación, de conquistar el poder? ¿Tan cómodos se sienten en los cargos que ocupan, desde los que en el mejor de los casos solamente dan consejos al gobierno? ¿Tanta es la desconfianza en el pueblo, o la certeza de su debilidad, que creen que no pueden ganar un curul peleándoselo al PSUV?

Nosotros, los que nos hemos propuesto a construir una alternativa revolucionaria, ni hemos renunciado al poder, ni hemos olvidado nuestros principios: “¿De qué lado estamos? Del lado de la justicia cuando podemos distinguirlo, y cuando no, del lado de los débiles”. Estamos del lado del trabajador que lucha porque su salario no alcanza, del lado del campesino que es desalojado de sus tierras, del lado de quienes sufren la arbitrariedad y son detenidos por defender sus derechos. ¿Y las elecciones? Las elecciones son una excusa para defender nuestro programa revolucionario, para estrechar las alianzas con el poder popular.

¡Patriotas siempre!
#PPTNoSeRinde

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