PPT (Patria Para Todos) - PUEBLO EN ACCIÓN

MEMORIA, IDENTIDAD Y CULTURA

 

Marc Bloch, historiador,  nacido en Lyon, Francia en 1886, murió  fusilado  por balas alemanas en  1944 en su misma Francia a los 58 años. En una de sus obras: “Introducción a la historia, o Apología para la Historia”  nos decía:  “El pasado es por definición algo dado que ya no será modificado por nada.  Pero el conocimiento del pasado es una cosa en progreso que no deja de transformarse y perfeccionarse”…… “ La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado. Pero no es, quizás, menos vano esforzarse por comprender el pasado si no se sabe nada del presente” 

 

 

Pasado y Presente para poder confeccionar el futuro. El pasado vivirá con nosotros si cultivamos la memoria, un pasado que no podemos olvidar, ya que es el punto principal para comprender nuestro presente.

La memoria nos viene de MEMOR-ORIS, el que recuerda y, recordar viene de RE-CORDIS, que es volver al corazón, que es vida, que es historia, que es enseñanza, que es eje espiritual de nuestra personalidad individual y colectiva.

Eduardo Galeano en sus “MEMORIAS DE FUEGO” Tomo II nos dice: “Todos tenemos dos cabezas  y dos memorias.  Una cabeza de barro, que será polvo, y otra por siempre invulnerable a los mordiscos del tiempo y de la pasión. Una memoria que la muerte mata, brújula que acaba con el viaje, y otra memoria, la memoria colectiva, que vivirá mientras viva la aventura humana en el mundo.” El preámbulo de la Constitución es un llamado a la memoria:“El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores  e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana,..” con el fin  “….de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de justicia, federal y descentralizado,…..”

Esa memoria es la que debemos preservar, la que se vive en cada tiempo, en cada espacio y cada persona. Esa memoria que es un sistema inmunológico ante la colonización mediática, ante la destrucción de los símbolos de las comunidades, ante la epidemia de la identidad corporativa, ante el cosmopolitismo masivo, ante la ampliación de las fronteras de las desigualdades y ante el despojo por la fuerza y la injusticia.

La memoria es una fuerza incontenible, avasalladora, honesta, justa. Cuando nos quieren dominar lo primero que hacen es quitarnos la memoria, sumirnos en el olvido, contemplar sólo el futuro desde nuestro momento y de esa manera injertar su memoria para dominarnos.

Aseguramos entonces que sin memoria no hay identidad ni cultura.

Entonces debemos en cada momento ejercitar esa memoria, para poder triunfar en esa permanente confrontación con el olvido que nos aleja del objetivo, que rompe el lazo de la identidad, que nos crea una excesiva preocupación por hechos particulares y que en definitiva nos conducirá  al memoricidio, que no es más que el olvido del olvido.

Esta memoria se rescata en nuestras leyes del Poder Popular cuando al definir comunidad decimos que es el “núcleo básico e indivisible, constituido por personas y familias que habitan en un ámbito geográfico determinado, vinculadas por características e intereses comunes; que comparten una historia, necesidades y potencialidades culturales, económicas, sociales, territoriales y de otra  índole.” ya que dominan prácticas culturales, tradicionales, ancestrales,  de conocimiento y capacidad para desempeñar eficientemente una determinada actividad laboral;  intercambiando saberes y conocimientos para  promover y desarrollar la cultura de control social.

Para ello debemos acudir a sus historias de vida, individual y colectiva; a sus experiencias cotidianas, a su sabiduría, a su poderes creadores impulsando siempre en su ámbito territorial un constante proceso constituyente, que lo  lleve a transformar su potencia innata en Poder Político, abriendo canales de participación y concientizándolo, creando instancias organizativas, movilizándolo en función del logro de sus objetivos, promoviendo la concentración de esfuerzos para ser capaz de crecer con sentido estratégico y barrer las ideas que lo maniatan e instaurar un nuevo orden.

Todo este proceso va generando una identidad, que no es más  que el conjunto de valores que permiten que un individuo, grupo o pueblo todo se sienta identificado con un proyecto colectivo, que está siempre en un continuo proceso de formación, fortaleciendo y creando conciencia social.

          Un pueblo sin memoria no sabe lo que es ni lo que hace y presa de la manipulación. Sin una verdadera identidad no hay lealtad ni compromiso cultural. Somos lo que somos porque recordamos lo que somos, pero recordamos por lo que somos.

Esto es lo que nos permite tener nuestra cultura, que es la forma en que un grupo social vive, siente, se organiza, celebra, comparte la vida con todas sus manifestaciones y expresiones de su sistema de valores, visiones del mundo que se traducen en símbolos, gestos, estilos de vida,  tomando en cuenta aspectos materiales e inmateriales: tanto arte, como tecnología, creencias, rituales, vestimentas, religión, actitudes.

Este sistema de premisas gobiernan los sentimientos, las ideas, la jerarquización de las relaciones interpersonales, el papel social de las personas y las reglas de la interacción de los individuos.

SIN MEMORIA NO HAY IDENTIDAD NI CULTURA.