FREIMAN PÁEZ Y YO…

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A Otilio Linárez, quien me ha pedido pronunciarme

JUAN RAMÓN GUZMÁN

 

Aunque conozco la situación de cerca y de primera mano, me he tardado en dar alguna opinión pública tan pronto, acerca del caso de Freiman José Páez García, en lo fundamental porque quise recabar más información al respecto, muy en correspondencia con aquella célebre frase de Napoleón, “vístanme despacio, porque voy de prisa”, por algo elemental, que es público, notorio y comunicacional: es mi amigo. Y debo ser responsable en todas las cosas que diré. Su detención, en medio de un momento político de múltiples y complejas aristas, demanda de los opinadores políticos –como es la función de este servidor– ser en lo sumo precisos, ser en lo sumo milimétricamente justos, de modo que el elemento pedagógico pueda exponerse sin ruido alguno y educar, más allá de los arrojos innecesarios, las elocuencias, las injusticias y las contradicciones, que se mezclan entre sí en una intrincada madeja, no permitiéndonos una visión de conjunto.

 

Freiman ha sido y es un militante revolucionario. Su posición crítica lo ha conducido a un deslinde, también público, notorio y comunicacional, con la Revolución Bolivariana. Yo defiendo la Revolución Bolivariana, eso también es un hecho claro, y sin cortapisas. Pero antes de entrar de lleno en el tema, permítanme una disquisición introductoria.

 

Desde la división de los seres humanos en clases sociales, en la conformación del concepto mundo, han sido dos los proyectos históricos que a lo largo y ancho de nuestro devenir se han mantenido, se mantienen –y se mantendrán– en pugna. Dos, dos proyectos históricos, sólo dos: el del que domina y el del que es dominado. Pero, paradójicamente, estos dos proyectos históricos dentro de su configuración social, es decir, dentro de su corpus, mientras desarrolla su milenaria lucha, de acumulación de fuerzas y de decantamiento, concentran al policlasismo como sujeto colectivo. Me explico. Clase dominante y clase dominada poseen y reproducen dentro de sí a la misma lucha que los enfrenta como proyectos. Mis queridos amigos cristianos definen –y encubren– en forma hermosa y poética a esta contradicción bajo el apotegma de “de todo hay en la viña del Señor”, sin embargo, como contracara, y valiéndonos también de lo expresivo de la belleza literaria, los materialistas dialécticos tenemos el deber de señalarla permanentemente, para que con ello no se nos desperdigue la identificación ideológica del proyecto al que pertenecemos, y al que le hemos consagrado la vida. Los despolitizados, los llamados ni-ni, los cómodos, los oportunistas, quienes nunca arriesgan nada, con un totalitarismo cínico se despachan con el ya consabido “todos son iguales”, ignorando de manera olímpica al conflicto que nos mantiene en pugna: los iguales jamás se pelean entre sí.

 

Esta lucha de clases, categoría política a la que el discurso pequeño-burgués le huye despavoridamente, se muestra encarnizadamente en cada acción, en cada movimiento que se da en la política venezolana, por eso es necesario tener muy precisos los contextos y los momentos, para saber dónde habría de quemar el fuego amigo, y a bajo qué banderías han de trasladarnos las palabras.

Ramón Carrizales y Freiman Páez arrastran un conflicto de vieja data acerca de la forma de cómo debería llevarse la política en el estado Apure, es viejo ese enfrentamiento que ha rayado en acusaciones duras, de parte y parte. Eso lo saben los apureños y las apureñas, pero el resto de los venezolanos y las venezolanas, no. Es el mismo conflicto histórico que acabo de describirles, sólo que ahora lo transpolo al plano de individualidades. La diferencia sociológica, es que uno tiene poder y el otro no.

 

El estado Apure, y en especial Guasdualito, es, en los hechos, un laboratorio de guerra, donde una aseveración en público cuesta la vida, donde el comportamiento acomodaticio en la política es moneda corriente, donde al amigo de ayer se le olvida hoy sólo porque sus posturas entorpecen los cálculos.

 

Fue pernicioso Carrizales, como estoy seguro que fue él, al transmitirle a Mario Silva que Freiman era de Primero Justicia, haciendo incurrir al conductor de “La Hojilla” en un gravísimo error, que, si bien le sirvió como estratagema al gobernador de Apure para enlodar a este dirigente político ante el país, también logró que el chavismo duro se enfureciera ante tal infamia, pues le conoce a la perfección por haber sido aquel parte histórica entre sus miembros.

 

Fue un error de Freiman, viendo lo complicado de la situación del país, en que la ultra-derecha anda en abiertos planes insurreccionales, y en especial en Guasdualito, donde Voluntad Popular tiene capacidad de calle y anda a la revancha por el arrebato de la alcaldía, hacer arrojos innecesarios y tomando una incorrecta vocería, que no ayuda en nada al mundo libertario en el que él piensa, sino a los mismos enemigos históricos que compartimos.

 

Sin dar concesiones, hay que empezar a hacer diferencias. En la Revolución Bolivariana, a reconocer que existe una oposición de izquierda, que nos adversa, con la cual en algún momento debemos encontrarnos, en la medida en que los decantamientos se vayan produciendo, tanto aquí como allá, y los proyectos históricos se definan, se hagan visibles, con mayor claridad en el plano general. Y en ese sector radical de revolucionarios que prive una mayor sensatez y una mejor comprensión de la lucha de clases, que no porque dos gobernadores sean militares y se apelliden Rangel son iguales, por ejemplo; o desconocer olímpicamente –y echar en un mismo saco– a camaradas de toda la vida, que tenemos el doble trabajo, de pelear adentro con las mismas fuerzas con que peleamos afuera.

 

Con Freiman José Páez García me unen años de amistad, nos conocemos desde la adolescencia, hemos transitado muchos años de lucha juntos, ahora andamos en trincheras diferentes. Espero que libre esta situación de la mejor manera, que se le haga un juicio justo, que la verdad establezca su veredicto inapelable. Sé que afrontará con valentía las duras horas que se le avecinan. Como le dije por teléfono a Marta Rosa, su mujer, váyale a él mi palabra de afecto, de pesar y de acompañamiento. Estaré muy pendiente de su situación, para acercarle una palabra de estima, que es lo más que puedo.

 

Acarigua, 20 de diciembre de 2016 / 1:37 p.m.